José Ovejero

El estado de la nación

 

El estado de la nación front cover

Lectura

MADRID

Es cierto, yo amé esta ciudad.
También los anchos páramos,
los diferentes matices de la arcilla,
la escueta, imprescindible vegetación,
humildes breñas, cielos ligeros,
incluso los escuálidos arroyos,
el duro paisaje que la rodea.
Alguna de sus calles,
las más empinadas, el acento
de los ancianos, casi todas sus tabernas
y, quizá sin otro motivo que el recuerdo
de caricias y besos torpes,
el Parque del Retiro.
Amé esta ciudad como pueden amarse
geografías inventadas, algunas añoranzas,
las esquinas débilmente iluminadas
por la luz de un farol.
Sobre todo la amé allá por el setenta y cinco:
yo era joven; la ciudad
lo parecía.
Luego, demasiado pronto, las calles se vendieron
al mejor postor, y nosotros corrimos a conquistar
un sitio en el escaparate.
Es cierto, yo amé esta ciudad.
Hoy la aborrezco, con la rabia excesiva
del amante despechado.



SÓLO HABLARÉ DE AMOR
(CERRARÉ LOS OJOS)


Me perderé, ciego, en los paisajes
familiares y arcanos de tu cuerpo entregado,
balbucearé, si es preciso, como un niño, amante,
esclavo, mientras mis manos devoran,
cautelosos tiburones, tu carne extendida,
tu confiada oferta.
Sólo hablaré de amor,
reiré, incluso, tras el necesario parapeto
de los párpados, me abarcará
una honda alegría, y haremos
como si el mundo sólo esuviese habitado
por mares tranquilos,
inmensos bosques jurásicos,
flores pintadas por un niño, y, a lo sumo,
peces somnolientos y abisales.
Hablaré, te hablaré, de amor,
ignorando bocas ávidas, catástrofes tropicales,
la sangre y el grito, la perfecta dentadura
de los presidentes y sus edecanes.
Nada existirá, salvo tú,
no sabré de otro río que tu saliva,
de otra selva que tu sexo,
sólo el tembloroso relieve de tu cuerpo
será mi geografía.
Hoy, al menos hoy, sólo hablaré de amor
(cerraré los ojos).
Mi lengua
se acercará a la tuya para abrazarla,
serán para mí tu risa, tu susurro, tu grito,
aunque no vea (no podré ver) tu mirada
aleteando sobre mi rostro
como para anidar en él,
sentiré tu urgencia, me vencerá
tu júbilo.
En el tibio océano de la noche
seremos náufragos, las olas
nos lamerán los pies sin despertarnos.
Oiré, con los ojos cerrados,
el pausado ir y venir de tu aliento.

>> Publicaciones